Educación por la Paz
Tampoco hace falta irnos muy lejos, por ejemplo, echemos mano del instrumento más poderoso del que disponemos: la inteligencia. Con la misma se pueden dar soluciones más razonables y justas para cada conflicto, evitando así sufrimientos humanos innecesarios e infames, pues como afirma Eulogio Díaz del Corral: las guerras las ganan los estados y las pierden los individuos.
El uso de la fuerza no es una obligación; incluso en el caso de la legítima defensa es un derecho y no una obligación. Hay que luchar para derrotar la violencia y a generar la paz. Merece la pena sembrar ideas de tolerancia, diálogo, solidaridad, de igualdad y paz, pues al sembrar siempre algo se recoge. Conviene que confiemos en las palabras de Gandhi, para el cual: La no violencia es una meta a la cual tiende, aunque sin saberlo, la humanidad entera.
Educar a los niños y a los jóvenes en las vivencias cotidianas de la no violencia, del diálogo, de la tolerancia , de la justicia, de la libertad y de la defensa activa de los derechos humanos sí son obligaciones morales que los profesores, pero también los padres y la sociedad entera, deberíamos exigirnos cada día del año y no solo el 30 de enero. La celebración de este día debe generar gestos de paz y de diálogo, que conciencien a profesores y a alumnos de la responsabilidad moral que todos los seres humanos tenemos de no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros.

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